Con el artículo se presenta una mirada que en el terreno del deber ser propone el autor respecto a los movimientos sociales por la educación en Colombia. La reflexión se agota desde el papel del maestro en la construcción de espacios de resistencia donde se cualifiquen sujetos políticos, allí, se asume la pedagogía como medio de transformación, reconfiguración y deconstrucción de un discurso contrahegemónico cuyo norte sea el respeto de la dignidad humana, la defensa de la educación como derecho fundamental. Plantea como posibilidad la participación de los renovados sujetos políticos y movimientos sociales por la educación en el agenciamiento y la elaboración de las políticas públicas, reflejo de una propuesta alternativa a la globalización como el paradigma que ha alimentado las reformas a la educación en sacrificio de los derechos fundamentales de los marginados.

PALABRAS CLAVE Derecho a la educación, dignidad humana, globalización, movilizaciones del sector educativo, maestro, sujeto político, política pública, pedagogía, Estado social de derecho

With the article presents a look at the terrain of what should be proposed by the author on social movements in education in Colombia. The reflection is exhausted from the teacher’s role in the construction of spaces of resistance where qualifying political subjects, there is assumed pedagogy as a means of transformation, deconstruction and reconfiguration of a counter-hegemonic discourse whose north is respect for human dignity, defense of education as a fundamental right. Posed as possible the participation of political subjects and renewed social movements in education agencies and the public policy making, reflecting an alternative to globalization as the paradigm that has fueled education reforms in the slaughter of fundamental rights of the marginalized.

KEY WORDS Right to education. Dignity. Globalization. Mobilization of the education sector. Teacher. Political subjects. Public Policy. Pedagogy. Social State of Law.

Com o artigo se dá uma olhada que no terreno do dever ser propõe o autor a respeito dos movimentos sociais pela educação na Colômbia. A reflexão esgota-se desde o rol do mestre na construção de espaços de resistência onde se qualifiquem sujeitos políticos, assume-se a pedagogia como meio de transformação, reconfiguração e reconstrução de um discurso contra-hegemônico cuja bussola seja o respeito pela dignidade humana, a defesa da educação como direito fundamental. Esboça como possibilidade a participação dos renovados sujeitos políticos e movimentos sociais pela educação no agenciamento e a elaboração das políticas públicas, reflexo de uma proposta alternativa à globalização como o paradigma que tem alimentado as reformas à educação em sacrifício dos direitos fundamentais dos marginados.

PALAVRAS CHAVE Direito à educação. Dignidade Humana. Globalização. Movimentações do setor educacional. Mestre. Sujeito Político. Política Pública. Pedagogia. Estado Social de Direito.

PALABRAS CLAVE Derecho a la educación, dignidad humana, globalización, movilizaciones del sector educativo, maestro, sujeto político, política pública, pedagogía, Estado social de derecho

CAMILO ERNESTO VILLEGAS RONDON**

* Este escrito es fruto de las reflexiones realizadas por el autor en el ámbito de construcción de la tesis con la que pretende optar al título de la Maestría en Educación que desarrolla actualmente en la Universidad Pedagógica Nacional.

** Abogado de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Instituciones Jurídico-penales, adelanta estudios de Maestría en Educación en la Universidad Pedagógica Nacional. Docente de la Facultad de Derecho de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.

Recibido: 30-11-2009 / Aceptado: 19-12-2009

Es que la “democratización” de la desvergüenza que se ha adueñado del país, la falta de respeto a la cosa pública, la impunidad, se han profundizado y generalizado tanto que la Nación ha empezado a ponerse de pie, a protestar. Los jóvenes y los adolescentes también salen a la calle, critican, exigen seriedad y transparencia. El pueblo clama contra las pruebas de desfachatez. Las plazas públicas se llenan de nuevo. Hay una esperanza, no importa que no sea siempre audaz, en las esquinas de las calles, en el cuerpo de cada una y de cada uno de nosotros. Es como si la mayoría de la Nación fuera asaltada por una incontenible necesidad de vomitar ante tamaña desvergüenza.

Freire, Pablo. 1993. Pedagogía de la Esperanza. 6ª. Sexta edición en español. México D.F.: Siglo Veintiuno Editores, S.A. , 2005, pp. 7-8.

INTRODUCCION

Al referirnos a las movilizaciones y resistencia del sector educativo necesariamente debemos empezar por plantear aquí que entendemos la educación como un derecho, común a todos los individuos miembros del contrato, desarrollo del principio de la dignidad humana. Afirmación que puede parecer contradictoria en una sociedad como la colombiana, regida por los parámetros del modelo que tiende hacia un Estado cada vez más pequeño y despreocupado de sus obligaciones para con los asociados.

La realización del derecho a la educación con sus características y distintos elementos sigue siendo un privilegio en Colombia. Nos enfrentamos a un problema que consiste en la reproducción y perpetuación de un mensaje que caló en lo profundo del sistema, representado en la inserción de personas en el sistema productivo como masa acrítica, mano de obra barata. Sin lugar a dudas nuestro contexto, como nunca antes, se caracteriza por el interés en la educación para la sociedad como parte del proyecto tecnológico de la globalización que se soporta en el conocimiento1.

No se puede afirmar hoy que el derecho a la educación sea parte de un proyecto de calidad de vida mientras los derechos fundamentales no sean objeto de protección del Estado en su integridad y a este le sea oponible su vulneración por acción u omisión. Aquí uno de los pilares sobre los que debe reposar la construcción de la dignidad humana.

LA INQUIETUD QUE SE PRETENDE TRABAJAR

De este introito surge la pregunta por el papel del maestro, la pedagogía y los movimientos sociales por la educación, en procura de escenarios de resistencia que posibiliten alternativas a la globalización como paradigma, ante la realidad social nacional y la evidente vulneración de la dignidad humana por la vía de sacrificio del derecho fundamental a la educación como efecto de la perpetuación de un modelo económico, político y social que se reproduce como consecuencia de la normalización –enajenación que permite la apropiación de un discurso hasta ahora hegemónico–.

Metodológicamente la inquietud planteada se abordará en el desarrollo del escrito, a manera de un análisis que tiene la pretensión de perfilarse como el ejercicio crítico de una postura que tiene relación con el derecho, la sociología y la pedagogía, que bien se puede enmarcar en una propuesta de construcción de un discurso contrahegemónico, respuesta a los vejámenes del statu quo.

Los insumos de este trabajo no son otros que el análisis documental, el que permite el acercamiento a documentos que versan sobre el contenido del derecho a la educación y los aportes de expertos sobre el tema de las movilizaciones o los movimientos sociales por la educación.

DESARROLLO Y RESULTADOS DE LA PROPUESTA DE ANALISIS

Resulta relevante para el propósito de este escrito el reconocimiento no solo del maestro sino de todos los que hacen parte de la comunidad académica de la importancia de ser sujetos políticos frente a la materialización del derecho a la educación. Más allá de la satisfacción de los derechos humanos, específicamente el derecho a la educación endilgable al Estado, es preocupante la poca apropiación que tienen de este los docentes, estudiantes y ciudadanos en general sobre sus características, titulares y obligados.

Ante la situación del país y en términos de satisfacción no solo del derecho a la educación, sino de condiciones mínimas de vida digna, la mirada parece desesperanzadora en torno a la relevancia de la educación como derecho fundamental que debe ejercer todo ciudadano en estricto cumplimiento del principio de igualdad.

Las obligaciones del Estado, por mandato constitucional en lo que al derecho interno e internacional se refieren, se dejan de lado para dar paso a la perspectiva del desarrollo humano donde la educación simplemente es un medio para formar mano de obra calificada pero barata.

Aun en el escenario de diseño e implementación de políticas públicas en materia educativa se tiene como problemática la construcción de un discurso que se apropie por la comunidad, por los sujetos que recepcionan la política, pues estos son los reproductores y defensores de este como camino a la verificación de sus derechos fundamentales.

De lo contrario, el escenario se mantiene en una percepción netamente asistencialista de la acción estatal, sin que se reivindique la esencia ius filosofica de la educación como concepto y derecho, del que deben ser destinatarios no solo los privilegiados, sino todo ser humano sin distingo de ningún tipo.

La profesora María Cristina Martínez nos indica, a partir de una postura foucaultiana, en su interpretación de la teoría del contrato social como parte del discurso filosófico-jurídico del liberalismo, cómo se justificó la circulación de dispositivos que posicionaron un saber determinado. Para nuestro caso, desde el derecho de soberanía y la idea de un contrato social, se ocultan procesos de sujeción de un poder disciplinario que opera desde la normalización y pacificación dirigida a la obtención de sujetos obedientes (que se inserten en el sistema de producción) que interioricen la normas, los valores, las órdenes sin necesidad de coerción2.

Entonces, es fundamental la comprensión del reformismo basado en la concepción de su carácter normal cuando el cambio social se puede normalizar. En términos de nuestro contexto de investigación importa la idea del sujeto inmerso en la lógica basada en la simetría entre mejora y repetición, pues aparecen como dispositivos que permiten dicha normalización, el derecho, el sistema educativo y la identidad cultural3. Aquí una primera puntada sobre los campos hacia los cuales se debe dirigir la movilización pedagógica del siglo XXI, en la medida que se piensa no en la normalización sino en la constitución de sujetos políticos desde las prácticas pedagógicas.

El reformismo del que podemos decir que hemos sido víctimas ha garantizado la repetición de condiciones sociales que no mejoran y que al mejorar lastimosamente no se repiten, esto se explica de repente en su carácter capitalista y a su vez anticapitalista, además de ser un paradigma de aceptación transnacional e internacional en detrimento de la movilización por la educación.

Cuando hablamos de eliminar las formas que atentan contra el derecho a la educación, necesariamente se debe apuntar a la extinción de la educación pobre para pobres, para la futura mano de obra enajenada y normalizada, educación de pobre calidad para las masas acríticas que eligen sin conciencia sus futuros verdugos para que administren lo poco que queda de cosa pública.

Carecemos de una política de Estado que se fortalezca en el tiempo y permita la apropiación de un deber ser como lenguaje del ser de los derechos fundamentales, para que estos se reconozcan con un criterio universal y no resulte la tarea de quienes hemos entrado en la esfera del sujeto político, que transforma o desea transformar la realidad, un sueño cuya legitimidad se construye a nivel de discurso en la academia pero no goza de praxis.

Aquí es donde cabe el diagnóstico de la movilización por la educación que nos aporta Marco Raúl Mejía, pues invoca la necesidad de edificar un movimiento pedagógico que, construyendo las agendas de este tiempo, encuentre su vigencia y el proceso con el cual va a construirse lo político-pedagógico del nuevo milenio.

La propuesta consiste en la deconstrucción del movimiento para reconstruirlo, pues se hace inminente un análisis concienzudo de lo que es y ha sido para recuperar sus grandes vetas críticas; no es posible ir a lo nuevo sin recuperar la tradición, a lo que se debe sumar un análisis juicioso de los nuevos dispositivos de saber y conocimiento que se desarrollan para encontrar las fisuras que deja el modelo actualmente en boga y desde estas construir la crítica y propuestas4.

La interpretación que merece la implementación de una política, que en su arraigo neoliberal asume la educación como mercancía, es la de una que se desarrolla en detrimento de los derechos de los ciudadanos y la educación pública, amenaza con desaparecer lo público como consecuencia de la privatización. Esto se sustenta en que para el gobierno colombiano, la educación pública representa un sector susceptible de ser involucrado en el comercio de servicios, que en consonancia con la ortodoxia neoliberal se debe convertir en una mercancía, un bien transable5.

El discurso presente en la política en educación tiene particular interés en materia de investigación no por el hecho de ser expresión de la práctica social, sí por contribuir a determinados fines, dentro de los que se destaca ejercer poder en todos los efectos.

Contamos con un escenario propicio para empezar a meditar el lugar de las movilizaciones por la educación, pues está en marcha la contrarreforma educativa de corte neoliberal que afecta toda la vida escolar y el derecho a la educación en la medida que se somete a criterios de eficiencia y eficacia del mercado y la producción que, en defensa de la cobertura, sacrifica la calidad y olvida las particularidades sociales de nuestra formación y construye una tecnocracia escolar sin contexto.

De lo anterior, se colige que nos encontramos en tiempos donde la educación es un hecho técnico, exento de intereses y administrado por tecnócratas que basados en su “objetividad” se convierten en evaluadores y construyen una convalidación de una cultura y forma de conocimiento hegemónico6.

Entonces, resulta prudente reconocer la diversidad múltiple y variada que es inherente a los también múltiples movimientos pedagógicos, cuya virtud está relacionada con la capacidad de construcción de una coordinación no centralizada que permita la conexión entre lo existente y las particularidades de su época. La deconstrucción y la reconstrucción tienen como base un gran sentido de imaginación y capacidad de creación colectiva para aglutinar sin imponer hegemonías.

Actualmente, emerge un nuevo discurso crítico y un tejido social que permite la construcción de sociedad desde la educación en medio de las resistencias, sumándose a la edificación de alternativas diseminadas en los espacios locales y en infinidad de comunidades de escuelas y aulas del país.

Tenemos como desafío tres tareas prioritarias en la recomposición necesaria y urgente que caracteriza la propuesta de trabajo futuro de Marco Raúl Mejía. Estas consisten en la reconstrucción de la idea de derecho a la educación que ha sufrido la privatización y pauperización como servicio en su lógica; la construcción de una expresión político-pedagógica de resistencia y de alternativas que enfrenten y evidencien los caminos de reorganización curricular de tipo tecnocrático ordenada por el toyotismo; así como la reconstrucción de las formas organizativas de la protesta y la impugnación desde los escenarios culturales, educativos y pedagógicos.

La movilización social por la educación en Colombia es una necesidad en cuanto existe un horizonte de construcción de movimiento social en una perspectiva educativa, en donde la educación se debe conformar como red de organizaciones que no renuncian a su especificidad y dirigen su horizonte hacia el posicionamiento de la educación y la pedagogía, como asuntos públicos y de incumbencia de toda la sociedad en contraposición a la idea de la educación como un servicio o un bien en función del mercado7.

Los movimientos sociales cobran relevancia cuando los ciudadanos corrientes unen sus fuerzas para enfrentarse a las élites, las autoridades y los antagonistas sociales, son los movimientos sociales ubicados en la historia una invención de la guerra moderna que estuvo de la mano con el nacimiento del Estado Nación. La acción política colectiva es aquella que surge cuando se dan las oportunidades políticas para la intervención de agentes sociales que normalmente carecen de ellas.

Para Tarrow, la comprensión del concepto movimientos sociales está ligada a la atracción de estos sobre la gente hacia la acción colectiva, que apoyadas por redes sociales y símbolos culturales a través de los cuales se estructura la acción social, conducen a una interacción sostenida con sus oponentes8.

No todos los acontecimientos merecen ser llamados movimientos sociales, pues el término es reservado para aquellas secuencias de acción política basadas en redes sociales internas y marcos de acción colectiva que desarrollan la capacidad para mantener desafíos frente a oponentes poderosos. Todas estas secuencias forman parte del universo de la acción política colectiva que surge dentro de las instituciones o se convierte en una revolución9.

Particular atención se debe otorgar a la acción colectiva contenciosa, como aquella que acontece en el instante que se utiliza por la gente que no tiene acceso regular a las instituciones, que actúa en nombre de reivindicaciones nuevas o no aceptadas y que se conduce de un modo que constituye una amenaza fundamental para otros o las autoridades, esta es la base de los movimientos sociales, y es utilizada por los organizadores con el objeto de aprovechar las oportunidades políticas, crear identidades, agrupar la gente en organizaciones y movilizarlas contra adversarios más poderosos.

A lo anterior, vale la pena agregar que estamos ante una “verdad” impuesta por los poderes legislativo y ejecutivo, en defensa de los intereses de una minoría que ha detentado históricamente el poder en Colombia, en perjuicio de quienes hacen parte de los sectores populares. Por lo que se adviene como algo importante en el campo de la movilización por la educación la apropiación de herramientas pedagógicas que, además de permitir transmitir conocimiento, posibiliten la generación de espacios de encuentro y resistencia, en búsqueda de la realización de un verdadero modelo democrático del Estado Social de Derecho, la protección de los derechos fundamentales y la verificación de la dignidad humana. Todos estos ítems son susceptibles de ser atendidos con la formulación, diseño e implementación de políticas públicas, sobre todo en el campo de la educación.

La generación de propuestas de trabajo pedagógico frente a la construcción del objeto de conocimiento propio de cada disciplina o saber debe partir de consideraciones como las de que la tortura y la brutalidad han adoptado la forma de ley y la locura la forma de razón. Se debe encontrar así en el ejercicio pedagógico el acto de leer el mundo de la palabra por medio de la medición del mundo que vive en nosotros cuando somos construidos como sujetos éticos y políticos. Desde aquí se puede entender la estructura que adoptan las identidades como consecuencia de la lógica cultural derivada del capitalismo que a su vez reproduce relaciones asimétricas de poder y privilegio10.

Vale la pena interrogarnos sobre la distancia entre las experiencias cotidianas y los lenguajes heredados del capitalismo, que de manera acrítica se reproduce en las aulas, aun en las públicas, sin atender que se perpetúan unos intereses de clase ajenos al común de la población que defienden la supremacía del más fuerte por razones económicas, sociales, culturales y políticas.

Maestro y estudiante deben pensar si el sentido de la formación definitivamente está en su inserción al sistema de producción capitalista o en el sistema neoliberal en virtud de la “necesaria” preparación para el mundo globalizado. Proceso que se agota acríticamente con el desafortunado resultado de reproducir en su experiencia de vida el sentido mismo de la explotación y marginación no solo suya sino de sus semejantes.

Las condiciones actuales exigen como respuesta otro tipo de movimiento social, en nuestro caso otro movimiento por la educación. Ésta es la preocupación que debe matizar el proyecto de vida del docente y que en nuestro parecer puede consolidarse en la aplicación de propuestas pedagógicas que permitan ver el camino de la reconstrucción de la sociedad, la re-educación en lo humano, la evolución hacía una formación cuyo norte sea dar respuesta a las necesidades del otro11.

Se vuelve imperativo entonces el trabajo docente, consciente de los contextos sociales, pues estos afectan a la escuela y por ende a sus miembros; de lo contrario, tendríamos un imposible, el sector educativo docente desmovilizado, aislado de la comprensión de las transformaciones que se operan en escenarios políticos, económicos y culturales actuales, desconociéndose la relevancia del diálogo de saberes12.

Aquí la relevancia de consolidar espacios de resistencia y emancipación, la verificación de sus efectos en lucha contra la dominación y la sumisión, el concepto de resistencia contiene una crítica de la dominación y provee posibilidades teóricas para la autorreflexión y lucha por la emancipación propia y social con el grado en que la oposición suprima de manera simultánea las contradicciones sociales, valorando la función crítica del concepto que se dirige hacia el rechazo de las formas de dominación inherentes en las relaciones sociales.

Desde la teoría de la resistencia se extraen comprensiones sobre conceptos como el de poder, resistencia y agenciamiento humano, lo que debe proporcionar como consecuencia el posicionamiento de elementos centrales de la lucha por el pensamiento y el aprendizaje críticos, construyendo sujetos sociales en estricto sentido ,que desde su acción, realicen la búsqueda de una nueva moralidad, también una nueva visión de justicia social que posibiliten la transformación del statu quo y la manera en que se concibe el Estado como institución. Aquí cabe la reflexión sobre las políticas públicas en educación y papel del docente de derecho, así como el horizonte de la movilización por la educación.

Se debe afianzar en los docentes el trabajo teórico riguroso contra el poder corporado, conectando el trabajo en el aula y la investigación con los desafíos enfrentados por los movimientos sociales, para que sean también el escenario de luchas públicas en respuesta a las pedagogías de la seguridad, propias de las democracias restringidas, pues en términos del Estado Social de Derecho no es la escuela el escenario análogo de opresión, control, vigilancia y privatización, mucho menos de ejecución de maniobras antidemocráticas13.

Es una necesidad en nuestro contexto de trabajo abordar la lectura crítica de la sociedad, la opción política y ética por los pobres, la vinculación a los movimientos sociales, todo, en conjunción desde lo metodológico con la participación, el diálogo, la concientización y formación de sujetos, en atención a las necesidades derivadas del momento actual de nuestro país, en lo que concierne a las instituciones y el ejercicio del poder que lejos está de permitir la materialización de un régimen democrático, sí, una concentración de poderes.

La politización de la práctica educativa y pedagogizar la política es una necesidad en nuestros días, se debe llegar a la siembra en la comunidad académica de un sentido de emancipación de los sectores subalternos, se debe dar lugar a la transformación de la subjetividad, esa que termina por aniquilar el espíritu14.

Es necesario dar importancia al derecho como construcción social que permite la reproducción de un modelo económico, político y social, también a la incorporación de otras categorías analíticas y perspectivas como la hegemónica, los movimientos sociales y la sociedad civil. En su trabajo y desarrollo existe una multiplicidad de actores definitivos en la consolidación de un nuevo orden, en atención a la reivindicación de un verdadero modelo democrático y la defensa de lo público.

El movimiento por la educación debe plantear alternativas frente a la hegemonía del modelo neoliberal y la globalización15 que a través de las reformas educativas se hace presente en sus vidas y pretende que la propuesta educativa sea bancaria, los enajene en los valores de la competencia, la eficiencia y el individualismo, precisamente, porque el objetivo es sembrar el miedo, normalizar y aniquilar el sentido de libertad, el sueño de emancipación.

A la luz de los nuevos desafíos, la movilización parece estar en el orden de atención de los derechos fundamentales, los derechos económicos, sociales y culturales, todo en el campo de reconstrucción de lo que Torres llama el gran “paradigma humanista e incluyente”, aquel que se alimenta de todos los enfoques que permitan que la globalización sea humanizante en torno a los mínimos éticos de justicia y legalidad que, en nuestro entender, son la base además de la construcción de un orden más justo, uno que por encima de todo tenga la realización de la dignidad humana.

Se impone una práctica social en la que el diálogo de saberes sea una realidad que se identifique con la acción en los sectores populares, constituyéndose en la apuesta, en la lucha dirigida a una sociedad más justa.

Desde la perspectiva de cambio en el ámbito de la globalización y de las herramientas de las que se dota a la educación es claro que se pueden generar nuevas maneras de subjetivación y de empoderamiento; es una realidad que en su terreno se pueden derrotar los fines del neoliberalismo a propósito de la construcción de discursos contrahegemónicos que calen en la esencia de los individuos y movimientos con sentido transformador y emancipador.

En el panorama que se analiza aquí, actualmente es neurálgico determinar la crisis del movimiento pedagógico y las movilizaciones del sector educativo. Esta tiene raíces en el período comprendido entre 1992 y 2002 y en la pérdida de la amplia visión de alianza en la educación en beneficio de la marcha de la refundación neoliberal y globalizada de la escuela, se rompió la unidad de actores críticos, básica para enfrentar la contrarreforma educativa16.

El llamado es entonces a construir una “globalización alternativa” cuya consigna rece que otro mundo es posible, en la medida que se genere un escenario donde la escuela sea distinta a la definida y gestada por la reforma de la globalización neoliberal17.

Consideramos que en la lógica impuesta por la necesaria reflexión sobre el papel del movimiento pedagógico en la ampliación de sus luchas, la apuesta actual debe tener como horizonte la diferenciación con el asalariado tradicional fundado sobre su fuerza de trabajo material, enriqueciendo la impugnación y los proyectos de transformación de la sociedad y llenando sus elaboraciones de nuevos contenidos.

Es imperativo hacer énfasis en que los maestros deben recuperar la posibilidad de diálogo con los intelectuales y tecnócratas como pares; lograr así reconocimiento para ocupar el lugar de la pedagogía en la lucha social y política en el aula, de la política en las didácticas, en el control y la disciplina, en el espacio escolar, en los modelos pedagógicos, en los paradigmas educativos, en la forma de administrar politizándose de manera afortunada el ejercicio de la profesión18.

El gran aporte del movimiento pedagógico a la educación colombiana, nuevamente, está constituido por la capacidad de construcción de sujetos sociales educativos que satisfagan las funciones de construcción de una movilización intelectual en la que la pedagogía salga de los escenarios académicos para ser puesta en los proyectos de vida de los maestros y sus procesos de organización, convirtiendo así toda la práctica social y pedagógica trabajada mediante procesos de sistematización. Además, se asume la práctica convertida en saber y experiencia y estas como saber de resistencias y alternativas en un ejercicio político e intelectual; además de proporcionar la capacidad de construir contrahegemonía cultural.

En estos términos estamos ante lo que define Mejía como la adquisición de una mayoría de edad que parte del movimiento pedagógico, recuperando con la movilización una pedagogía tanto en el campo de la educación disciplinaria como en el campo del impacto para la construcción de un proyecto de cara al futuro del país y el intento por constituir un ámbito de representaciones, con la mirada puesta en incidir las políticas públicas logrando desde su intervención su replanteamiento, constituyéndose el ejercicio profesional del maestro además en un campo de acción política.

A MANERA DE CONCLUSION

El llamado ante la crisis del movimiento no es otro que su posicionamiento político público, para extrapolar “los cubiletes de los intelectuales”, las burocracias de los ministerios de educación y la lógica gremial sindical. El llamado es el de consolidar una comunidad de pensamiento y acción que no permita que las políticas sean producto de “conciliábulos o de decisiones tecnócratas” construyendo lo político-pedagógico como un campo en disputa y no neutro19.

Recuperar en la lógica de la construcción de sujetos políticos la necesidad de movilización por la educación, la noción de la pedagogía como campo de transformación y, por lo tanto, de reconfiguración es otra exigencia, pues esta también se ve afectada por los diferentes fenómenos científicos y tecnológicos constitutivos de la globalización, parece que allí se ubica la discusión sobre el conocimiento, ciencia, métodos, enfoques, teorías y dispositivos reestructurados desde diversos puntos de vista.

Es pertinente prestar atención entonces a la nueva lógica del conocimiento que aparece como una tecnología que no puede separarse de las lógicas del mercado neoliberal, con su profundización de la exclusión social y de construcción de nuevos grupos de desiguales en el ámbito de acceso a esos nuevos desarrollos tecnológicos; allí es donde el capitalismo globalizado según Mejía intenta adecuar los escenarios escolares con las nuevas formas de conocimiento a su servicio, pero ante todo para que cumpla sus fines de contrarreforma donde información, tecnología y conocimiento se conviertan en fuerza productiva directa, constituyendo procesos de producción que generen condiciones planetarias de competencia, productividad y explotación.

Sumado a lo expuesto se impone recuperar para el movimiento por la educación su posibilidad de incidir en el manejo del Estado, en la definición de las políticas públicas, en la articulación de la pedagogía con la política que participe en distintos escenarios donde se pueda luchar por la satisfacción de condiciones mínimas de vida digna.

La discusión recae sobre la posibilidad de una acción colectiva contestataria que se ajuste no solo al contexto impuesto por la globalización, sino a las necesidades propias del ámbito colombiano, a nuestro conflicto y sus orígenes del todo ligados a la insatisfacción de condiciones estructurales mínimas de vida digna.

Estamos ante la exigencia de un proceso que revolucione desde la base. Se impone para los educadores el ser sujetos políticos integrales que desde su ejercicio le permitan al estudiante apropiarse de su entorno y asumir una actitud constituyente de nuevas lógicas de derecho distintas a la normalización de la que son objeto vía educación, legislación, medios de comunicación.

Compete al docente la participación y la representación que se cimente en el conocimiento de su realidad nacional e internacional, en todo caso global para que así en conjunto con la comunidad en relación de horizontalidad surja lo que se denomina una globalización alternativa y así de una vez por todas se dote a los sujetos de elementos políticos para que, sobre todo los más deprimidos por el sistema, puedan verse en la mesa como pares de los tecnócratas que en defensa de sus particulares intereses sostienen y reproducen el statu quo.

Queda pendiente la reflexión sobre los porqué de la falta de logros en materia de reivindicaciones del todo justas de la movilización social en Colombia. Inquieta, sobremanera, observar el panorama nacional sin comprender cómo la movilización de sectores sociales diversos como los indígenas, los desplazados, los maestros y los estudiantes no hace mella en las esferas de poder.

Entender por qué en nuestro contexto los movimientos sociales no logran sus cometidos es un reto futuro de investigación, pretencioso es arrojarnos a dar una respuesta, pero consideramos pertinente pensar esto en un escenario de autoritarismo flagrante, de negación de la oposición política so pena de recibir la más cruenta de las persecuciones.

Cuál será el futuro, está por definirse, hemos planteado aquí una manera de entender el asunto; también se ha escrito en el contexto del deber ser cómo se edifica una movilización por la educación en nuestros días, el papel del maestro en la generación de nuevos discursos y subjetividades.

Resta esperar si la polarización profunda hacia la que se dirige una nación privada de sus mínimos vitales, arroja un levantamiento como consecuencia de la imposición de un brutal orden, que en manos de las “élites” no para de satisfacer sus intereses, en perjuicio de la vida digna de la mayoría. Creemos que definitivamente la cuestión pasa por el grado de conciencia que se genere en la base, seguimos convencidos de la importancia de la conciencia de clase y de la educación como excelente escenario de trabajo político.

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1 Mejía J, Marco Raúl. “Los movimientos pedagógicos en tiempos de globalización y contrarreforma educativa”. Nodos y Nudos Volumen 2 N° 18. (enero-junio de 2005): 10
2 Martínez Pineda, María Cristina. Redes Pedagógicas: La constitución del maestro como sujeto político. Bogotá D.C.: Editorial Magisterio, 2008, p. 75.
3 De Souza Santos, Boaventura. El milenio huérfano. Madrid: Editorial Trota, pp. 311-312.
4 Mejía J, Marco Raúl. 2005. Op. cit. pp. 16-17.
5 Estrada Álvarez, Jairo. Tendencias recientes de la política en educación superior. Mercantilización, endeudamiento y transnacionalización. Bogotá D. C.: 7° Congreso Nacional de Profesores Universitarios de Colombia. Bogotá, D. C., 15 de octubre de 2004, p. 20. < http://firgoa.usc.es/drupal/node/24359>
6 Mejía J, Marco Raúl. 2005. Op. cit., p. 17.
7 Ibíd., p. 18.
8 Tarrow, Sidney. El poder en movimiento. Madrid: Alianza Editorial, 1998, p. 23.
9 Ibídem.
10 Mclaren, Peter. Pedagogía identidad y poder. Los educadores frente al multiculturalismo, Rosario: Editorial Homosapiens, 1998, pp. 88-92.
11 Bárcena, Fernando y Mèlich Joan-Charles. La educación como acontecimiento ético. Natalidad, narración y hospitalidad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica S.A., 2000, pp. 53-54.
12 Se acude al diálogo de saberes como principio de la acción cultural, pedagógica y política que es inherente a la educación popular. Torres Carrillo, Alfonso. La educación popular. Trayectoria y actualidad. Bogotá, D. C.: Editorial El Búho, 2007, p. 72.
13 Giroux, Henrry A. Repensando la política de resistencia. Notas sobre una teoría crítica de la lucha educativa. Diciembre de 2003. p. 10. <http://www.barbecho.uma.es/DocumentosPDF/BARBECHO2/A4B2.PDF>
14 Torres Carrillo, Alfonso. 2007. Op. cit., p. 74.
15 Ibíd., p. 82.
16 Mejía J, Marco Raúl. 2005. Op. cit., p. 10.
17 Ibíd., p. 19.
18 Ibíd., pp. 7-8.
19 Ibíd., p. 9.